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viernes, 30 de enero de 2009 - 05:56 p.m.
Epicentro Informativo de Leonardo Schwebel
Hace algunos años, en mis inicios reporteriles, hice un trabajo sobre violación. Días después, salió una nota que se había incrementado el número de víctimas. Me sentí como decepcionado que pese al esfuerzo, no pasaba nada. El entonces jefe de un programa de TV me dijo: si piensas que con un reportaje vas a cambiar al mundo, estás equivocado. Al pír eso me dije: si alguna vez llego a pensar como ese hombre, es momento de retirarme. Han pasado tiempo y aún creo que un reportaje puede cambiar al mundo. En noviembre de 2007, mientras trabajábamos en un día feriado en una estación de radio, la productora Moni Pili (fiu) Silva, recibió la llamada de un radioescucha que señalaba que por ser ciego no lo dejaron subir a un avión de la línea colombiana Avianca, a pesar que ya había pagado el boleto y se dirigía a Venezuela. Entrevisté vía telefónica al radioescucha que resultó ser Alejandro Anguiano, profesionista, profesor, abogado, 40 años, autosuficiente, exitoso, triunfador y ciego. Para colmo de males, la aerolínea se negaba a a reembolzarle el costo del boleto. Era un auténtico caso de discriminación en un mundo donde se pregona por los derechos de los llamados discapacitados. Puse a funcionar la maquinaría informativa porque no podíamos permitir que el caso se olvidara y que se cometiera una injusticia. Así, en algo que alguien llamó sobreexposición, la historia del abogado Anguiano salió en radio, prensa y TV. La idea fue siempre demostrar que había algo ahí que no era bueno y que se había afectado a un ser humano. La historia tiene un final feliz. Después de toda esa fuerza mediática, se le dio al abogado Anguiano el viaje, una compensación económica y se logró que Avianca modificara sus reglamentos. Eso para mí es cambiar el mundo con un reportaje. Tratar que este mundo sea mejor. Con esa misma pasión, ideología o sueño mafufo, también se dio continuidad a la historia de las adolescentes que compran pastillas para abortar en El Santuario de Guadalajara o las costureras que son tratadas como esclavas en los Altos de Jalisco o a los casos de trasplantados y muertos por contaminación alrededor del Río Santiago. Temas que merecieron premios locales y nacionales de periodismo a quienes hicieron la investigación. La historia de Alejandro Anguiano no quedó sólo en una llamada de un radioescucha, sino que hubo continuidad y hasta terquedad. Avianca reconoció el daño y con eso se beneficiará a otros más. Sé que los ciegos no cambian su mundo. Sé que son discriminados y que no son aceptados en restaurantes o en centros de entretenimiento o en escuelas, pero esta es una pequeña muestra que se puede llegar a algo más. Nunca fue idea cazar un premio o lucrar con la desgracia ajena, sino poner en la agenda un tema que prevalece en nuestros días. Por sus conocimientos y profesión, Alejandro Anguiano trabajo por defender su derecho a ser humano libre. Y ese es el verdadero premio. Quienes fueron asignadas para cubrir la historia de aquella llamada han trascendido a un premio de reconocimiento internacional. Felicidades. A pesar de las trabas burocráticas para hacer un viaje, a pesar de la oposición de algunos por seguirle dando al tema, a pesar de las deslealtades, sí creo todavía que con un reportaje puede cambiarse al mundo. Desde aquí mi reconocimiento al abogado Anguiano que nos da una lección de vida. La vida hay que vivirla aunque algunos se empeñen que no.
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