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viernes, 05 de junio de 2009 - 04:32 p.m.
El acto de votar se ha convertido en una rutina democrática. Pero en nuestro esquema electoral, votar es lo de menos, porque salvo contadas excepciones, quien gana representa el sufragio de más de la mitad del padrón. Triunfan los apoyados por minorías.
En esencia votamos por dos formas de gobierno: la del legislativo, o sea senadores y diputados, y la del ejecutivo, que son los gobernadores, presidentes municipales y el Presidente.
Este 5 de julio, ya a un mes, casi todos votaremos por presidentes municipales, diputados locales y diputados federales. En algunas entidades incluye el gobernador.
En el caso de los diputados federales, usted vota por 1 de cada uno de los 300 distritos. En el caso de los diputados locales, según la demarcación, usted vota por la mitad de esa legislatura. Por ejemplo, en Jalisco, hay en elección 20, pero son 40 diputados.
Pero en la vida real, ninguno de aquellos por los que usted votó, del partido que sea, es un verdadero representante de sus intereses. Los que mandan a nivel federal son unos cuantos diputados por los que nadie vota. Son los famosos plurinominales.
De esos 200 parásitos de la democracia salen los que defienden a todos los partidos que tenemos y también de ahí se elige al que comanda la cuadrilla y a la mayoría que regentea las comisiones.
El que se gasta nuestro dinero en campañas, el que proclama el voto, el que va de casa en casa (aunque en todos mis años jamás uno ha tocado donde vivo), el que reparte volantes, el que se anuncia en TV, radio y prensa, ese o esa, ni lideran las bancadas, ni comandan comisiones, ni decide. Vota usted por quien integrara la peleada lista de la perrada. O los del montón si no quiere que se lea feo.
En lo que se refiere a los locales, pasa lo mismo. Usted vota por X pero los que mandan son los Y: los listados, los pluris. Son ellos los que marcan el ritmo, la pauta, las alianzas.
Luego vienen los presidentes municipales. Ahí la cosa es más o menos semejante. Ahí supuestamente gana por el que usted votó, pero no. En realidad gana una planilla. Es ese presidente municipal y sus cuates.
Pero a la mera hora de los resultados, quedan en el cabildo de cada ayuntamiento: el presidente municipal que ganó, la mayoría de su planilla, pero también aquellos que perdieron, por los que no votó o que recibieron pocos votos. Son regidores de a grapa, porque no fueron lo suficientemente buenos para ganar (aunque se hagan el antidoping y no se les olviden sus camionetas).
Así que de toda la bola (diputados federales y locales y presidentes municipales (o delegados en el caso del DF), los que reflejan a los partidos (no a usted) o a los grupos de poder (donde usted y yo valemos aquello) , nadie los vota. Nadie los elige. Nadie los pone en ese lugar.
Claro a esos Nadie, que son muchos, usted y yo les pagamos religiosamente sus sueldos y compensaciones.
Dicho de una manera más clara: su voto es nulo.
Así que eso que llama Creel “suicidio político” es la vil realidad. El problema no es cuántos sumarán las tribus de anuladores, abstencionistas, hartos, olvidadizos, valemadristas, ignorantes, iletrados, inconformes, iracundos. El problema es que aunque usted sea un ciudadano modelo, de esos que cumple y va y vota y pone su cruz donde debe y defiende la cusa democrática, si usted es de esos, su voto es nulo, porque elige a quien NO va a mandar, a quien NO gobierna.
El problema entonces no es el voto nulo sino la nulidad de votar.
A menos de un mes de este cotorreo democrático que nos va a costar 18 mil millones de pesos, su voto no vale y los del club del voto nulo, lo único que harán es apoyar a los que están en el poder.
Como quien dice, estamos fritos.
Voto x Voto, Nulo x Nulo…es lo mismo.
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