Desde la tarde del 29 de agosto de 2008 a muchos de nosotros se nos aplicó un juicio sumario, sin derecho a defendernos y con la condena establecida: humillación, desprestigio y despido. Para los que somos periodistas, se atentó contra nuestra Libertad de Expresión y comenzó una cacería de brujas.
Periodísticamente he basado mi trabajo de más de 30 años en reflejar la realidad a través de testimonios y fuentes oficiales.
En este caso y ese viernes, Carlos Briseño, amparado, todavía era