Cuentan que el poeta Manuel Acuña se suicidó por Rosario, la del Nocturno, cuando apenas contaba con 24 años, aunque la realidad es que lo mató una neumonía por andar caminando en la calle con frío y lluvia.
Algo que sí me consta es que un primo se subió a lo más alto del aeropuerto de Dallas y se echó a morir por el amor imposible de una prima.
Pero fuera de esas y otras historias, el suicidio no tiene nada de romántico.
Es un acto que sólo quien lo comete puede saber a ciencia cierta el