La última vez que vi a Carlos Briseño, unas semanas antes de su muerte, me confesó que había equivocado la estrategia y que se precipitó en algunas decisiones, pero me reafirmó que su intención era dar a conocer las irregularidades del poder de Raúl Padilla y que para hacerlo debía estar en la cúpula de esa organización.
Alfaro demostró lo contrario: no hay que estar tan adentro para denunciar lo que todos sabemos. Su primer mérito fue haberlo hecho justo cuando ni siquiera se cumplen dos
|