Apártenme un pedazo de infierno
miércoles, 28 de abril de 2010 - 02:57 p.m.

La sentencia que publica Juan Sandoval Íñiguez esta semana (26 abril 2010) es contundente: excomunión a quien aborte y de paso a quienes ayuden y promuevan ese acto que el cardenal califica de “crimen”.

O sea que si una chavita de 16 años es asaltada y violada y queda embarazada y se le ocurre la idea de abortar, entonces queda excomulgada, vivirá en pecado toda su vida, no tendrá salvación su alma y para colmo, es criminal y aliada del demonio.

Sandoval nada dice en su escrito de excomulgar a los sacerdotes pederastas y a los medios ya se nos olvidó (o los hicieron olvidar) los “cinco o seis” casos que a Sandoval se le hicieron “poquitos”.

“Un estudio que realizó María Guadalupe Ramos Ponce, coordinadora en Jalisco del Comité de América Latina y el Caribe para la defensa de los Derechos de la Mujer AC (Cladem). En su propia voz nos indica: al año se registran oficialmente más de 400 violaciones, en edades que fluctúan entre cero y setenta años. El mayor número de casos se presentan en la zona metropolitana de Guadalajara, así como en Puerto Vallarta, Tlajomulco, El Salto, Lagos de Moreno y Ocotlán. Solamente del año 2005 al 2008 se han presentado 1,643 casos y de estos, el 80% coincide con que el agresor es un familiar o conocido de la mujer, el dato relevante en estas estadísticas es que la mujer violentada suele ser o niñas o adolescentes”.

Para esos agresores no hay viaje al infierno de primera.

“De estos 1,643 casos reportados, es que tan sólo hay 91 detenidos”.

Pero si lo que afirma Sandoval Íñiguez cae en el absurdo retrógrado, vea esto: “El Instituto de la Mujer del Estado de Guanajuato (Imug) está en contra del aborto, aunque el embarazo sea consecuencia de una violación, porque “resolver con violencia un hecho que de origen es violento es mucho peor”, afirmó la responsable de la institución, Luz María Ramírez Villalpando, quien agregó: “Yo mejor rodearía a esa mujer de cuidados y apoyo sicológico”. Sostuvo que el índice de mujeres que después de ser violadas quedan embarazadas “es muy bajo”.

Y como es “bajo”, esa mujer queda a expensas de quién sabe qué, con la amenaza de estar excomulgada.

O sea violentada, vejada, humillada, dañada mental y físicamente, condenada, enjuiciada y sin ficha para el cielo.

No soy mujer pero sí vivo rodeado de ellas. Y sólo les diría que si el paraíso prometido es estar en un lugar donde Sandoval Íñiguez debe tener pasaporte de primera, prefiero quedarme ardiendo en el fuego pecador.

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