|
lunes, 17 de mayo de 2010 - 02:11 p.m.
El asunto Diego se complica más por la figura de
<<desaparecido>>. Si estuviera secuestrado y hubiera
alguien que pida un rescate, entraría al terreno de tantos personajes
que han caído en manos de esa delincuencia. Diego sería –como
Calderón dice- uno más de esos con dinero y poder que reflejan
la inseguridad del país. Un top ten de secuestrados que
incluiría al hijo de Martí, a la hija de Nelson Vargas, al hijo de la
señora Wallace, al papá de Jorge Campos, el hijo de Vicente Fernández,
Romano o Laura Zapata. Pero da la casualidad que no hay rescate
de por medio. Si habláramos de una víctima más de la
delincuencia que asalta, Diego estaría muerto o le hubieran robado.
Quienes se lo llevaron entonces, no hubieran dejado ni el auto, ni
algunas pertenencias valiosas. Dicho así, no fue un robo. Si
fuera un ajuste de cuentas por asuntos personales o profesionales,
Diego sería uno más de los 23 mil que han muerto por circunstancias de
esa índole. Trataré de ser más claro, así como están los grados
de violencia, a Diego lo hubieran dejado ahí muerto, decapitado,
calcinado o cosas así. Si por otro lado fuera una venganza
política, dicho sea de paso, Diego es protagonista desde al menos 1988,
pero en el último año, a raíz de su rompimiento con Calderón, disminuyó
su exposición y fuerza. Diego calló cuando su lacayo Gómez Mont
entró a Gopbernación. Así que todo apunta a algo más orquestado,
aunque la tendencia es a señalar que fue uno de esos casos de el lugar
equivocado en el momento menos oportuno. Una especia de daño
colateral o fuego cruzado con una personalidad. La otra pregunta
es ¿por qué ese día? ¿Por qué no hace un año o dentro de un mes? La
respuesta está en lo que sucedió antes y que eso haya sido en contra de
la corriente actual. Y vamos a eso. Previo a su viaje a
Europa y sobre todo a Estados Unidos, Calderón necesitaba un golpe
contundente contra el narcotráfico. Y la mejor manera de hacer
menos tensas las relaciones era a través de una detención de grandes
niveles. A Europa no le ha gustado lo que califica como la
violación de Derechos Humanos del Ejército y a Estados Unidos le hace
falta algo que convenza que México no es enemigo y que hay una lucha sin
cuartes contra los narcos. Y ese perfil sólo podría cubrirlo el
Chapo Guzmán. Prácticamente intocable desde que le abrieron la
puerta de Puente Grande al inicio de la era Fox, el Chapo ha hecho y
desecho a su gusto. Tal es su influencia que hasta los demás
grupos narcos están indignados. Así que días antes vino aquella
detención e increíble liberación de la esposa del Chapo. Después,
el asesinato de un candidato del PAN a una presidencia municipal en
Tamaulipas, territorio vedado, además del mensaje: aquí –Tamaulipas- los
candidatos los escogen los narcos. Diego es aún hombre de poder
y fuerte. El mensaje es muy sencillo: si podemos con Diego,
podemos con los demás. A esto se suma la irresponsable
declaración del secretario general de Gobierno de Jalisco que
“posiblemente” si se haya detenido a Nacho Coronel y las aún más absurda
declaración que quien confirma eso es la autoridad federal. Por
favor, que alguien le ordene que no hable. El “posiblemente” es
casi un sí y más que un no. Hasta cuando invitamos alguien si
ésta o éste nos dice “posiblemente”, prácticamente nos da permiso para
seguirle. A este gobierno le encanta la publicidad y hasta en
anuncios salen los narcos detenidos. Si lo de Nacho Coronel era
cierto, el mismo Calderón se hubiera puesto el saco. Por lo
tanto, o no fue cierto, lo que convierte a Guzmán Pérez Peláez en un
peligro por sus declaraciones , o si fue cierto pero vino la
advertencia. Los pactos se rompen cuando se afecta a la familia y
a los amigos. El pacto de no tocar al Chapo se rompió en esas
sogas y de ahí entra en acción Diego, el hombre del poder. Si no
fue secuestro, levantón, asalto, ajuste de cuentas, ejecución,
homicidio, lo de Diego es un aviso.
|