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jueves, 24 de junio de 2010 - 02:45 p.m.
Como película vieja de terror, del estilo de las momias vengadoras contra alguno de nuestros héroes, viene la época de lluvias y las subsecuentes inundaciones en los mismos lugares de siempre.
Desde la anarquía de los primeros trazos de sus fundadores, la llamada zona metropolitana de Guadalajara, es un riesgo, un deporte extremo donde se ha construido en los cauces. En ese desafío contra la naturaleza hemos perdido tiempo, dinero y esfuerzo.
Con un temporal atrasado, hemos tenido la suerte del tiempo para tratar de mitigar lo inevitable y cada año es un gasto en desazolve y ciertas acciones aisladas.
Para la Comisión Estatal del Agua (Jalisco) hay una cifra: 4 mil 200 millones de pesos.
Hay también un diagnóstico: El programa completo da 45 acciones-
El resultado hasta el momento: cinco por ciento.
Dicho de otra manera, el 95 por ciento de lo que siempre se inunda, seguirá viviendo la misma historia.
Seguiremos dependiendo de la intensidad, no tanto del volumen. Y para la CEA hay un razonamiento para todo este laberinto acuático:” la urbanización caótica”.
Pero detrás de esa afirmación hay una larga serie de negligencias que incluyen años de corruptelas a todos los niveles que incluyen a los diferentes órganos de gobierno.
Durante sexenios y trienios se ha lucrado con la desgracia ajena y hemos permitido que las aguas nos lleven presupuestos del erario.
En entrevista con Central Noticias OchoTV, el presidente municipal de Tlajomulco, Enrique Alfaro, lo definió así: “lo que pasa es que no son obras de relumbrón”.
Los responsables del caos son culpables de omisión y, en el peor de los casos, de complicidad, y no hay ni el más mínimo indicio que eso vaya a cambiar en los próximos años.
Para la CEA hay un origen: desde que se cambiaron usos de suelos agrícolas en 1990, que coincide con muchos gobiernos panistas tanto municipales como estatal.
“No fue un sistema diseñado para los problemas de agua urbana que ahora traemos”.
En ese ruteo hemos transitado por irregularidades en diversas obras que han engordado las bolsas de quienes han encontrado un botín.
A eso hay que sumar un afán de crecimiento que no ha coincido con la realidad. La zona metropolitana de Guadalajara perdió su vocación por la avaricia y ha dado origen a un crecimiento desordenado que hoy se refleja en inmovilidad e incapacidad.
Pero en lugar de poner freno a ello, por el contrario, se acelera la sobreexplotación de un territorio que ya perdió la apuesta.
Y en ello, la sentencia: “si regresan lluvias copiosas y en tiempos reducidos, volverán las inundaciones”.
Pero todo esto, disponible para cualquiera, no forma parte de los intereses de muchos de quienes están en el poder.
Miércoles al amanecer después de una madrugada lluviosa de esta semana.
Avenida Vallarta a la altura de los llamados Cubos. Un puente inundado, una fila de autos, anegación y resignación. Un grupo de elementos de vialidad no tiene el mínimo protocolo. La táctica, sálvese quien pueda.
En el CEA, la solución: “Para resolver el problema de fondo de la cuenca, incluso adquisición de vasos —todos son propiedad privada o social—, recuperación de cauces a tamaños indispensables para hablar de cien años de periodo de retorno…”
Cien años de soledad y aberraciones. Vienen la Vía Expre$$, los Panamericanos, museos, teatros, Atirantado, El Álamo.
CEA:”un problema de tenencia de la tierra, se lleva al menos 2 mil 600 millones de pesos”.
No hay dinero para esas cosa que competen a las políticas públicas. La idea de progreso a cambio de combatir la naturaleza.
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