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jueves, 24 de junio de 2010 - 02:44 p.m.
En alguna ocasión sostuve que el futbol cambió su historia con el Maracanazo de 1950, cuando Uruguay ganó la Copa Mundial venciendo a Brasil, en su propio territorio, en un momento donde el empate les hubiera bastado a los locales para su primer trofeo.
Ese 2 a 1 presupone un principio humano: los milagros existen. Argumento que si Brasil hubiera ganado su Mundial, el futbol no tendría ese impacto de hoy.
Claro que cuando uno se vuelve loco por un gol o una falla, uno no recapacita eso.
Autores han definido esa pasión como memoria ancestral de la época de caza. En otros, todo el ritual que incluye banderas, disfraces, gritos, no es sino la forma primitiva de la guerra. Victor Ramos, especialista en temas sociales, en su colaboración del viernes pasado en Noticias OchoTV, semejó el fut con la religión.
Antes que la FIFA hiciera más negocio que deporte, y con esto hago referencia de los anteriores Mundiales al de 1970, ya el efecto futbolero estaba vigente.
Remotos antecedentes en el Juego de Pelota mesoamericano, las batallas en el Coliseo Romano, disputas territoriales en China y otros más, dan referencia que con unas pelota, el ser humano es capaz de mover masas.
Contribuye a esta enajenación la espera de cuatro años.
Ya narré también mi impacto cuando la selección nacional quedó eliminada del Mundial del 74 nada menos que por perder con Trinidad y Tobago. Después del Mundial 1970, donde México fue sede, era impensable. Pero sucedería lo mismo en 1990, después que México fue anfitrión en 1986.
Pasé a la decepción con aquella versión 1978, llamada la Esperanza Verde, que teminó en el primer juego al caer con Tunez.
No he aprendido la lección.
Pasan años y sucede igual. Desde que tengo uso de razón futbolística o sin razón por futbol, México es el ya merito, el que casi gana, el que domina pero no mete goles, el de jugó como nunca y perdió como siempre; y Alemania, en contraste, es una potencia que abruma.
Sin embargo Alemania no fue capaz de ganar su Mundial en 2006. El milagro del Maracanazo sigue vigente.
Razas, religiones, desarrollo, capacidad, economía, todos sucumben ante el futbol, lo mismo en Inglaterra, Paraguay, Corea del Sur o Camerún.
Y como al final siempre gana uno (y el club está limitado a URU-ITA-ALE-BRA-ING-ARG-FRA) hay un feliz y 31 lamentándose.
México debe ser el país que más dinero aporta a la cobertura del Mundial sin tener la mínima oportunidad de ser campeón.
México debe ser el único país que dedica tiempo para cubrir a un árbitro y señalarlo como representante de la patria. Todos hablando de justificar a un juez que aceleró su apreciación de una falta y que precipitó la caída australiana.
Como que es una afrenta nacional decirle a ese árbitro que es un exagerado, protagonista, soberbio.
O es un insulto a los héroes que nos dieron patria, decirle al DT Aguirre que no sabe armar una alineación competitiva. Meter a cinco defensas, dos contencione s y el portero (ocho de once) no es propiamente tener mucho atacantes frente al poderoso equipo sudafricano.
Tal vez sea un gen mal colocado, un milagro a punto de llegar, una esperanza inmortal.
Llevo cuatro años en espera y lo que más he visto son 1-0, que refleja la mediocridad. La FIFA deberá aprender esta lección, ya que no lo hizo en 2006, donde hubo avisos serios.
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