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jueves, 24 de junio de 2010 - 02:40 p.m.
Si el principal y urgente reclamo de la sociedad es mayor seguridad, un mando único estatal le quitaría al gobernador y a los presidentes municipales su principal coto de poder.
Sus acciones se limitarían a la administración de recursos y a la atención ciudadana, y eso no siempre les da votos.
Un superpolicía que arregle los problemas sería el principal enemigo y el botín político se tendría que repartir.
En situaciones extremas, ese mando único se convertiría en el primer mando y por ende, le quita fuerza a ese poder omnipresente.
No valdría ni tendría caso tener un secretario de Seguridad Pública no directores policiacos municipales.
Eso del lado operativo y de la realidad no le resultaría redituable a muchos.
Por otro lado, no olvidar, ese gran poder evitaría negociaciones debajo de la mesa con narcos. En términos prácticos el dinero de protección del crimen organizado dejaría de repartirse en municipios y estados y eso como que a muchos no les conviene.
Pero para lograr esto, además de las modificaciones respectivas de la Constitución, sería darle un tesoro a alguien. La pregunta sería ¿a quién le rinde cuentas ese mando?
Hoy tenemos un desbarajuste en cuanto a seguridad.
Un representante de la PGR, un Procurador estatal, un secretario de Seguridad Pública, un director municipal, policías federales, estatales y municipales, además de elementos del ejército y la armada.
Lo ideal es que exista coordinación en esas partes pero ni la hay ni la habrá. Alguien debe recibir el reconocimiento y Calderón se niega a otorgar ese privilegio a cualquiera.
El de la guerra es Calderón, el que sale en la tele es él, el que recibe aplausos, al que reconocen otros gobiernos, al que cierto porcentaje de la población ve como el héroe salvador.
El primero que me contó esa idea de una policía única fue Antonio Lozano Gracia, cuando por aquel pacto Salinas-Diego, quedó al frente de la PGR, aquel 1 de diciembre de 1994, siendo el primer panista en el gabinete presidencial (de Zedillo) del PRI.
Su acción fue limpiar la PGR y el resultado es que los cientos de expulsados pasaron a formar parte de las líneas enemigas.
Entrena a alguien a generar poder bélico y lo único que provocas es entregar recursos humanos a la delincuencia.
A eso hay que unirle otro cuerpo de seguridad que es en verdad quien nos cuida escuelas, trabajos y residencias: la seguridad privada.
¿Con un mando único cómo quedan esos policías privados?
Además de las incógnitas, me llama la atención que Calderón haga esos anuncios sin antes socializarlo con gobernadores, presidentes municipales, diputados y senadores.
Pero ese mando único que aún no queda claro a quien le rinde cuentas, tendría que establecer una relación estrecha con ministerios públicos, jueces y hasta la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Sin cabildeo, sin planificación, sin una idea clara, muchos se han quedado con cara de what! Incluyendo al gobernador de Jalisco, que días antes del anuncio presidencial se le hacía inútil ponerse de acuerdo con los presidentes municipales de la ZM de Guadalajara ya hora con el anuncio de Calderón parece que como que ya le cuadra la idea de no ser el único mandamás.
Pero mientras Calderón amanece con otra idea, mientras se organizan los que tienen que ver con esto, mientras se ponen de acuerdo a quién o cómo entregar el mando de una entidad, los representantes del Crimen están más organizados.
Matan a diestra y siniestra y ya hasta cometen actos de violencia extrema como el sacarle el corazón a seis víctimas en Quintana Roo. Ya decapitar, desollar, cocinar, destazar, parece juego simple comparado con eso.
Así como Mejía Barón se quedaba con los cambios, Calderón hace lo posible por quedar bien mientras amanecemos diario con muertos tirados.
Nunca es tarde para remediar, dicen, pero después de 23 mil y pico de muertos, eso de organizarse está como aquel chiste.
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