No fue atentado contra Lydia Cacho, pero sí lamentable que un grupo de policías de Quintana Roo agredieran el lugar donde la periodista tiene una casa de ayuda a mujeres golpeadas. No era Diego Fernández de Cevallos el hospitalizado en Querétaro. No murió la periodista Rocío Sánchez Azuara.
Habló en plural sin que me corresponda, ya que lo anterior es información dada por una periodista de reconocimiento internacional.
Los casos recientes, entre ellos el de Paulette, Cabañas y otros, han puesto en entredicho la labor periodística.
Generalizando –insisto- nos está fallando la brújula.
Particularizando, pasó con el tal Chicho, líder de la FEU (Federación de Estudiantes Universitarios) de la Universidad de Guadalajara. Reclamando su derecho de réplica, resulta que lo que hizo fue complicar un asunto. En la nota original de noticias Ocho TV se mencionaban irregularidades en el cobro para asistir a un evento deportivo en Puerto Vallarta. La reportera tenía razón, como lo admitió el propio Chicho en entrevista en vivo en estudio. Se cobró más. Ese cobro era para solventar gastos de la organización. En un documento que me entregó Chicho de propia mano, se especificó punto por punto el rubro del pago extra: casetas, gasolina, trofeos, arbitraje y seis mil pesos de barriles de cerveza. Cuando pregunté para que era la cerveza en un evento deportivo, el encargado de la FEU no supo responder.
Sin embargo sí hace falta que se haga una evaluación del trabajo periodístico actual.
Por ser el primero, por tener más rating, por ganar un premio, por conservar un cargo, se ha abusado en señalar sin corroborar adecuadamente.
En esta generalidad se ha corrido el peligro que el periodista mismo se transforma de emisor en fuente.
Como lo dice X o Y, entonces es cierto.
Las redes sociales, principalmente Twitter y Facebook obligan a ser más preciso y cauto. Lo que hoy se dice, se reproduce sin que haya control.
Y ese es el punto.
Tanta volada (término periodístico para sacar notas sin confirmar con la fuente original) puede provocar que a alguien se le ocurra la brillante idea de poner orden.
Héctor Aguilar Camín, Televisa, Imagen, han marcado pauta de esa regulación. El no decir hasta que esté confirmado, curiosamente, se ha visto como una forma de perder credibilidad.
Paulette murió por accidente según Bazbaz y el nuevo encargado de la Procuraduría mexiquense. Nada de análisis si esto es verdad o no. Nada de preguntar si esto afecta a Peña Nieto en sus aspiraciones. Nada de interrogar peritos. Es accidente y punto.
La foto que está en la nueva página de “transparencia” del caso, donde se ve un bulto, fechada el 22 de marzo, señala que quien tomó esa foto, la vio, analizó, no se le hizo curioso que una cama tuviera algo extraño.
Esa foto, además, se expone públicamente dos meses después de haberse tomado y ya cuando oficialmente el caso está cerrado.
Pero a reserva de todas esas notas, ideas, formas, especulaciones, ideas, maromas extravagantes, es importante que el periodista siga equivocándose porque corremos el riesgo que alguien quiera controlar la información.
La única manera que veo para que eso no suceda, para que un hábil diputado o senador tenga en mente alguna ley de censura, es que nosotros (generalizando) hagamos una evaluación y análisis de lo que nos falla.
El gremio periodístico es poco unido y ególatra. Gana la vanidad y el título de ser el primero que…
Sigo creyendo que la culpa es de la carta, no del cartero. Pero sí quiero decir que con Paulette, Cabañas, Diego, Rocío, Lydia, no hemos cumplido con el deber primario.