Diez años después de “sacar” al PRI de los Pinos, una década perdida desde aquel 2 julio 2000,este domingo 4 julio 2010, el PRI se apresta a arrasar en una elecciones que antes de empezar ya están manchadas por sangre e irregularidades.
Un candidato muerto, uno en la cárcel, uno con orden de aprehensión, uno en un avión narco, uno con fotos de narcos, unos perseguidos. Las elecciones del 2010 serán las más violentadas en la historia reciente.
Para Calderón será su peor derrota electoral y sus ilegales intentos por llamar la atención con sus cifras mágicas de nada servirán frente a una población desencantada, sin ganas de votar y, lo más lamentable, con miedo y en peligro.
Zacatecas, Sinaloa, Durango, Aguascalientes, Tamaulipas, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Chihuahua y Quintana Roo, cambarán de gobernador.
Mil 533 alcaldes, congresos locales, estarán en disputa además en 14 entidades.
Las extrañas alianzas del PAN con PRD y afines, tendrán la prueba del desprestigio y lo poco que queda de la oposición tendrá poca cabida.
Previas al 2012, estas elecciones reprobarán las actuales fórmulas calderonistas para el empleo y seguridad.
El PAN y el PRD tendrán que replantearse y hasta refundarse, el viejo PRI se disfrazará del “nuevo”, y los pequeñines, se harán más diminutos.
La gran mayoría de los resultados irán a los tribunales y volveremos a desgastarnos por una reforma política que no llegó.
Habrá gobernadores con menos del 30 por ciento de los votos y el abstencionismo y desenfado serán los verdaderos triunfadores.
Muchos gobernadores ganadores tendrán cuentas pendientes con la ley y la narcopolítica habrá triunfado en presidencias municipales y estados.
Después del 2 de julio del 2000 donde dimos una lección de democracia, este 4 de julio 2010 retrocederemos a un punto sin retorno.