Este lunes (19 julio 2010) se cumplen ciento sesenta y nueve días.
Es una cifra híbrida, nada atractiva o mediática y con cierta connotación alburera.
Corresponde a los días que llevan en funciones (desde 1 febrero 2010) los diputados del actual Congreso de Jalisco.
Nominalmente, un poder más de la tercia que comanda. Un triplete que en la realidad se juega con cartas independientes.
Si bien una tercia de ases mata cualquier par, aquí cada as se revira a sí mismo.
Con un desprestigio bien ganado, de los treinta y nueve actuales cuesta trabajo encontrar un equilibrio de fuerzas. Como que cada uno o en pequeñas parcelas, se distrae en sus momentos de gloria.
Lo poco hecho, como la llamada Ley Antiborrachos, más promovida por iniciativas civiles, no ha alcanzado a cuajar y se ha quedado en el limbo.
La primera plana por la eliminación de la tenencia se vio rebasada por el calderonazo electoral que acabó con hacer más bolas.
Las irregularidades de la página de la Internet –reportadas en este espacio hace meses- demuestran que no hay filtros de calidad. El mensaje caló profundo en el electorado: gana más un intendente que un gerente y una edecán más que un director.
La corrección se convirtió en confusión y hoy esos diputados navegan a la deriva.
En el PAN cambiaron de coordinador pero no de rumbo.
En el PRI no cambian pero no avanzan.
En los chiquitines su presencia es más de adorno. Ni las bancadas de dos miembros se ponen de acuerdo.
A eso hay que sumar una Secretaria General que funge como lanzallamas y apagafuegos, no siendo ni juez ni parte.
Carlos Corona se erige como el verdadero poder en el trono y el ex Secretario General, Alfredo Argüelles, hoy diputado, destapa a sí mismo una cloaca que cada vez es más nauseabunda.
Partidas bien repartidas en lo oscurito, cuentas personales porque no hay figura legal partidista, acomodos de personal, asesores que no asisten y asistentes que cobran como asesores.
Como siempre en estos casos, la culpa es del cartero y no de la carta. Sí, se echa a los Medios como los culpables de la desestabilización.
Camionetas perdidas que aparecen, desaparición de dinero en camionetas.
Nadie firma por alguna idea.
Priistas contra priistas, panistas que no obedecen panistas, y alianzas que se forman deformadas.
No hay cultura legal, que es el principio fundamental de los diputados y nada termina de ponerse en claro en la opacidad de cuentas y recuentos.
Ya la nota no es la nómina maltrecha o los charolazos setenteros, sino la falta de un ejercicio de rendición de cuentas de los anteriores legisladores, muchos de ellos hoy en otros cargos de poder.
Anarquía absoluta con el clásico desdén del Ejecutivo y la falta de liderazgo del Judicial, poderes que atrapan al ciudadano en falta de movilidad en todos los sentidos.
Pareciera que todo es con el propósito de manchar lo que hay, pero entre más trapos sucios salen, más mugre ensucia el entorno.
Como matrimonio mal habido, ya no se soportan las parejas en un lapso que en sí no dice nada.
Ciento sesenta y nueve días de nada y sin que haya una agenda que trate de organizar el rompecabezas.
El juego es poner todo al mismo tiempo en la mesa: inundaciones, Temacapulín, Arcediano, Chalacatepec, Vía Expré$, Macrobús, Tren Ligero, Panamericanos, bacheo, tenencia, desarrollo, todo está pegado en pendientes tipo Post-It, donde a ver a quién se le ocurre acordarse de algo.
Con un gobierno a medias a nivel estatal, con gobiernos municipales que también juegan a la matatena, en este albur la mano nos marca tercia de nada en los poderes.