Para que alguien gane el Melate o la Lotería Nacional o Lotto o casino o hipódromo, otros miles deben de perder.
Las elecciones del 4 de julio 2010 fueron de ruleta rusa, donde varios se están apuntando en la cabeza con el riesgo que les toque la bala mortífera.
Entre los perdedores está Calderón, que a pesar de sus vanos intentos por mandar mensajes a la nación, no acabó de convencer a los votantes. El aviso que ningún candidato de estirpe panista haya ganado una elección a gobernador, es un aviso claro. En ese listado aparece NavaLu, que aparentemente no ha sido castigado como Germán Martínez, que renunció cuando el PAN no dio una en las elecciones 2009. En realidad el PAN de Nava quedó igual o peor, ya sus candidatos, con todo y aliados, no llegaron a la cima.
Lo dije y sostengo. La alianza PAN-PRD es como si Vergara le hubiera prestado al América al Chicharito, dada la baja de Cabañas.
Otro que pierde es Jesús Ortega, quien ha logrado ponerle más tierra a la sepultura del PRD. Todavía hace cuatro años, después de las elecciones de 2006, el PRD se convirtió -en algunos casos- como la segunda fuerza y la verdadera balanza de la oposición. De aquel PRD que dividió la mitad de votos entre López Obrador y Felipe Calderón, ya no queda nada, más que el conformismo de tener que aliar con los panistas. Que hayan perdido en su reducto zacatecano es una muestra más de ese estado de coma político.
También pierde el PRI y más específico, Beatriz Paredes. La paliza de ganar 9 a 3 en gobernadores, no lo es tanto, dado que pierde tres piezas fundamentales de la tradición caciquil del PRI: Puebla, Sinaloa y Oaxaca.
En ese péndulo electoral, Beatriz y su PRI cambiarían esas derrotas por las victorias en Aguascalientes, Tlaxcala o Zacatecas.
Sin contar presidencias municipales o diputaciones locales, el PRI gobierna más estados pero menos habitantes.
Beatriz se aprestaba a declarar la victoria total del PRI encaminándose al 2012 y ahora habrá de recapitular. El PRI pierde, además, con ex priistas como Gabino Cué, Malova y Moreno Valle, lo que duele más.
Pierden los medios que soltaron la guerra sucia contra Fidel Herrera, y no porque el hecho periodístico se debilite, sino porque la gente repudió la guerra sucia. Fidel le ganó con sus trucos a Elba Esther Gordillo, a Ferriz, a NavaLu , a Beatriz, a Peña Nieto.
También perdió Elba Esther Gordillo. Si bien ganó con sus aliados en Puebla y Oaxaca, perdió con Yunes, su carta fuerte en Veracruz.
Pero la que más pierde es la sociedad.
Gana el abstencionismo, el voto nulo y la alternancia sin razón.
Aguascalientes, Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Tlaxcala y Zacatecas (seis de las doce entidades que votaron gobernador) cambian de camiseta y esa alternancia en realidad es un aviso que algo no pasa.
Cinco de los doce ganadores no alcanzaron ni el 49 por ciento de los votos (con más del 90 por ciento de avance de los PREPs).
Ocho de los doce ganadores no llegaron al 52 por ciento de las preferencias.
En el caso Tamaulipas, con el candidato hermano del verdadero candidato ejecutado hace una semana, Egidio Torre Cantú tuvo una victoria con más de 61 por ciento de los votos, pero el nivel de abstencionismo fue superior al 60 por ciento. Eso significa que Egidio gobernaría una entidad donde el 75 por ciento no votó por él, ya sea porque no pudieron o no quisieron o les dio miedo o flojera.
Hay que analizar a los narcos o quienes hicieron lo posible por desestabilizar. Los niveles de abstencionismo fueron inclusive menores a elecciones intermedias más bien de índole local. Sin embargo si asustaron al electorado en lugares como Chihuahua y Tamaulipas, donde votó en general menos del 40 por ciento.
Cuando en una elección hay más perdedores que ganadores, habría que ver qué significa eso.
Si caemos en la cuenta que la culpa la tuvo el árbitro, no vamos a cambiar al futbol nacional. Si caemos en la cuenta que la culpa la tuvo el Mundial, el clima, la violencia, el desánimo, no vamos a cambiar este país.
A Calderón le quedan 2 años 5 meses para cambiar el rumbo. Él no pierde con elecciones fallidas, perdemos todos.