Lo dije el viernes (17 diciembre) en Central Noticias y lo reafirmé en Blog Leonardo Schwebel (20 diciembre): Diego fue secuestrado por asuntos políticos.
El tercer comunicado (boletín) de Ex Misteriosos Desaparecedores, quienes se adjudicaron el secuestro, lo pone en forma clara:
“Diego Fernández de Cevallos Ramos es un operador de la oligarquía neoliberal y de la ultraderecha fundamentalista, un traficante de influencias, un mercenario de los juzgados, un legislador a sueldo, un rentista de la crisis y un defensor de los grandes capos de la droga. Por ello su aprehensión fue una actividad pensada y realizada como un acto de desagravio”.
Los 212 días de cautiverio no le rebajaron la soberbia aunque sí le creció la barba y en Epicentro Informativo interneTV lo anticipé: Diego ya había sido liberado (horas antes) y cuando nos enteraron ya había organizado lo necesario para lo que será un día largo en Medios.
Pero fuera de la noticia, hay que revisar bien lo expuesto por quien ya firma como RED POR LA TRANSFORMACIÓN GLOBAL:
“Tomarlo prisionero, exhibirlo y obligarlo a devolver una milésima de lo robado constituyó además un golpe político a la plutocracia y a sus instituciones; una demostración de la voluntad de lucha y de la capacidad operativa de los “descalzonados”, como él nos denomina; una demostración de que nadie, por poderoso que sea, puede ser intocable; una demostración de que con unidad de acción se puede doblegar la voluntad del enemigo y combatir la impunidad”.
Si alguien demuestra es México de unos cuantos (así lo califiqué este domingo 19 diciembre) es el propio Diego.
Sale a los medios después de ir por la autopista de Toluca en un Mercedes.
Supongo que hubo rescate y un pago que se ha reportado entre 20 y 50 millones de dólares, cifras que no entran en nuestro imaginario colectivo.
La última frase del mensaje previo a la liberación es como una exclamación del sentir de muchos:
“Esta tarea es parte de un proyecto más grande e importante: participar en la construcción del poder popular para transformar este país transnacionalizado en una verdadera patria digna, libre y nuestra. ¿O es mucho soñar con que las riquezas de México sean para la mayoría de los mexicanos? ¿Es ambicioso soñar con un país productivo que pueda dar trabajo y remuneración digna a sus hijos? ¿Es un sueño guajiro pensar que somos los 90 millones de pobres quienes debemos tener la posibilidad real de tomar las decisiones importantes en el modelo económico, político y cultural que deseamos? ¿Es mucho pedir un México para todos los mexicanos?”
Grupos del llamado crimen organizado cruzan entre el delito y la insurgencia, el peligro y la heroicidad.
“Han gozado de la posibilidad de ejercer la violencia de manera legal e ilegal, visible e invisible no sólo contra las expresiones armadas organizadas sino en escarmientos contra cualquier demostración de hartazgo e insubordinación social. Estos principios y valores son reproducidos todos los días por individuos con poder local (en las colonias, en los municipios, en pueblos y ranchos) que de manera miserable maltratan y menosprecian a la gente aprovechando la constante de la pobreza”.
Detrás de esta historia hay algo que todavía no sabemos y no termina.
El discurso de los secuestradores es congruente, social, politizado y con un sentido:
“El país se desmorona ante sus ojos atónitos que no dan crédito a lo que ven; se deshace por causa suya sin que discursos y fanfarrias mediáticas puedan convencernos de que vamos con rumbo cierto a la solución de los múltiples problemas que históricamente persisten en el país; la nación se desangra a borbollones y no desean admitir que ellos y solamente Ellos, han saciado su hambre de riqueza desmedida y poder político inconmensurable a costa de una patria exangüe y anémica”.
Revisar los comunicados no es un ejercicio de riesgo sino de advertencia.